[...] La mirada de Distéfano está puesta especialmente en los años de plomo de la última dictadura. Mientras que las obras de los últimos años también se centran en las consecuencias de la violencia que suponen la marginación y la exclusión social.
Más allá del excelente montaje –con diseño de Gustavo Vázquez Ocampo–, cronológicamente la muestra se abre con la pieza Por gracia recibida (1999, poliéster reforzado con fibra de vidrio, de 66 x 68 x 118) el proyecto que Distéfano presentó cuando fue convocado para el Parque de la Memoria. En esa obra, sobre las ondas que funcionan como evocación del agua, se apilan los cuerpos de las víctimas de los vuelos de la muerte, ante la presencia de un testigo que no quiere ver: alguien que reza de rodillas –ante los cuerpos en caída libre–, cuya cabeza muestra una torsión imposible, de 180 grados, que le garantiza cumplimentar su ritual, sin ver lo que está pasando. Ese gesto inhumano coloca al testigo orante en el lugar de los cómplices, por acción u omisión.
La mezcla de coherencia e insistencia de Distéfano, así como su perseverancia –en los materiales y las técnicas, tanto como en la ética de sus reflexiones– muestran, como pudo verse hace ocho años en su retrospectiva, una suerte de marcha y de ritmo, riguroso, delicado, exhaustivo, en el que el artista mide su tiempo. El tratamiento de los materiales, texturas, colores, transparencias, incrustaciones, produce toda una secuencia determinada por la lógica de las variaciones. [...]
[...] las esculturas van modulando la relación entre belleza y horror como correlato de los efectos de la violencia sobre los cuerpos, en una muestra cuya elocuencia saltará a la vista para todos los que la visiten.