[...] Distéfano elegirá explayarse sobre otras obras: las nueve de la serie Kinderspelen, tres grupos de pequeños regordetes copiados, multiplicados por tres. Sus personajes se entrelazan violentamente, en un encastre sexual o de pelea. Son remolinos bruscos, con armas incrustadas en el cuerpo que usan para humillarse, mientras los ojos rasgados delatan que inhalaron pegamento.
El artista contará, relajado, que esa serie nació hace cinco años, cuando su amiga escultora Eliana Molinelli (1943-2004) le propuso realizar una obra con armas que intercambiaba por alimentos, en el marco de un programa de la ONU. “Al principio, le dije que no. Pasó como un año y un día, viendo la reproducción de un óleo de Pieter Brueghel que se llama Juego de niños (Kinderspelen, en flamenco), una vista aérea con todos los divertimentos de 1560 que es un paraíso, dije: ‘Uy, ¿si hiciera eso, pero con los chicos de acá y de hoy? Y la cara opuesta, la negra, la de los más desamparados.” ¿Cómo incluir muchos personajes? “Me daba el cuero para hacer tres grupos. Y con el molde en caucho, pude hacer las tres copias. Cuando los muestren, quiero que se pueda armar una vista panorámica como la del cuadro y que la gente pueda circular entre ellos. Es un tributo a Brueghel y a Molinelli. Pero al público no tiene por qué interesarle eso: que mire y opine.” [...]