[...] Juan Carlos Distéfano propone un proyecto que, desde su título, nos brinda una clave interpretativa. Por gracia recibida es una obra en la que, al igual que en las antiguas imágenes cristianas, el río se representa con la forma esquemática de una grilla en zig-zag. Sobre sus aguas serpentean cuerpos contorsionados. Son aquellos cuerpos que, aún vivos, fueron arrojados al Río de la Plata y que, en una misma escena, se reúnen con la figura de un extraño orante.
[...] Por gracia recibida no sólo refiere a la crueldad de quienes idearon y realizaron los vuelos de la muerte sino que alude al rol que adoptó un sector de la Iglesia durante el terrorismo de Estado que, con un “voto de silencio”, se transformó en cómplice de la ilegalidad del accionar de las Fuerzas Armadas. El Río de la Plata fue el escenario de aquellos “vuelos”. Si bien estas prácticas eran conocidas por nuestra sociedad, las declaraciones que realizara el capitán retirado Adolfo Scilingo en 1995 constituyeron el reconocimiento público del procedimiento. A partir del testimonio de uno de los victimarios, el río consolidó su condición de “lugar de memoria”, capaz de materializar lo inmaterial, "ligado íntimamente a la vida y la muerte, al tiempo y a la eternidad, envuelto en la cinta de Moebius de lo colectivo y lo individual, lo sagrado y lo profano, lo inmutable y lo móvil".
En este contexto, la representación del río [...] adquiere el valor de una conjura. Pero además, en esta obra, Distéfano dirige su mirada mordaz hacia quienes no defendieron los mismos principios que predicaban y, de este modo, su incisiva observación abre un espacio que invita a reflexionar sobre la responsabilidad que le cupo a los diferentes sectores de nuestra sociedad frente a las prácticas terroristas ejercidas por el Estado. [...]