[...] La obra de Juan Carlos Distéfano corrobora al Vallejo del otoño europeo de 1937, entre Eros y Tanatos, entre el enamoramiento con que realiza sus esculturas, en un proceso donde es notoria la lucha con la materia, y el trágico designio que las embarga. Esculturas que son la galería de exteriorizaciones de una sensibilísima conciencia alerta a los infinitos laberintos de un mundo cada vez más destructor.