Por eso el Fisgón de Distéfano parece salir de un cuento de Kafka y el Hombre que roba un pan puede nacer de la escena argentina o de cualquier otro lado. Por eso sus “esculturas” son configuraciones improbables de cuerpos en espacios y tiempos que no caben en ninguna base pequeña o grande, sino que aparecen, a nuestro lado, como flotando en el espacio frágil de la utopía.