Una muestra doble coloca al escultor Juan Carlos Distéfano en el ojo de la tormenta artística del último cuarto de siglo [...] No nos parece caprichoso ni casual encontrarnos en el catálogo con una leyenda que dice: “Homenaje a Emilio Renart (1925-1991)”, recientemente fallecido. Como Renart, Distéfano apeló desde sus relieves del comienzo a materiales no tradicionales: temple graso sobre velo de vidrio con estructura de poliéster reforzado, hasta emplear en sus últimas obras estructuras de poliéster reforzado a secas. Estos materiales hábilmente policromados le permiten desafiar las leyes de la gravedad y encarar los volúmenes en respuesta a la más atrevida de las fantasías [...]. El suyo es uno de los contados casos (también lo fue Renart) en que las necesidades expresivas están unidas a través de lo inevitable a los recursos técnicos. Decía Leopoldo Marechal: “La necesidad tiene cara de ángel”. En arte, agregamos, lo que no es necesario tiene cara de hereje. [...] Estilísticamente hablando, si hay un artista barroco éste es Juan Carlos Distéfano: pensemos en su policromado, en su desafío a las leyes de la gravedad [...] En el doble camino de la escultura dirigida a las sensaciones hápticas (de volumen y peso) y las que podemos llamar pictóricas, más dirigidas al impacto visual y a las sensaciones táctiles [...]
Las esculturas de Distéfano abundan en implicancias: la suya es una visión que enfoca el aspecto caído de la humanidad, que sin duda es el más actual y frecuente. Pese a ello el artista no acude a nuestra conmiseración. Simplemente nos muestra al ser atrapado en sus propias redes, en algunos casos tratando de evadirse de ellas. No es ésta una visión optimista de la realidad ni quiere serlo. Con la solvencia de un clásico, Distéfano nos coloca frente a los duros límites del ser.