La cuerda se tensa entre los polos propuestos por el texto de Aldo Pellegrini, fechado en 1966, y Un pequeño escape, la obra más reciente de Distéfano.
Pellegrini discriminó, de entre el estruendo de la Otra Figuración, la soterrada voz del creador de En la tierra, En el agua, En el fuego, y palpó con tacto midiúmnico la pulsión de la forma, la condición de escultor latente en esas pinturas.
[...] Distéfano pertenece a un reducido puñado de escultores que han dado identidad irrefutable al arte argentino. [...]
El proceso fue arduo. Distéfano despegó de la bidimensionalidad y el espacio ilusorio de la pintura. Mantuvo sus escarceos con la forma táctil y el espacio que nos involucra hasta alcanzar el desacato de la ley de obligada observancia escultórica: la gravitación de los cuerpos atraídos por la tierra.
Esta lucha está conmovedoramente presente en Flotante y en El fisgón, y es la metáfora resuelta que dio origen a Primer intento de vuelo, como paráfrasis de toda proposición expresiva.
Entre otros fantasmas anónimos se invoca acá, no por azar, al trasgresor que pagó con la vida el precio de su entrega, Vincent van Gogh (aludido en Florero roto en 1890). Es el mentor de un combate que se libra en cada obra [...] el disforme Caos que el Arte, perpetuamente, pretende someter nombrándolo.