[...] Distéfano mantuvo con firmeza su voluntad antropomorfa. Pero su representación ha estado ligada menos a la realidad icónica que a la proyección al exterior de los fantasmas no conscientes y de la problemática más turbadora del mundo que lo rodea.
Toda su obra, realizada en poliéster pigmentado –con sus muy particulares cualidades, absolutamente individuales– denota no sólo la preocupación por renovar sus procedimientos lingüísticos, sino también el esfuerzo por lograr una iconografía reveladora de la visión dramática de la alienación, de las opresiones internas y externas, de la falta de control voluntario sobre algunas situaciones humanas.
En las obras expuestas en la galería Del Retiro, Marcelo T. de Alvear 636, sin abandonar la posibilidad de cuestionar la realidad representada, Distéfano se vuelca hacia un tratamiento menos “furtivo” de la expresión. Parece optar por las “relaciones” estables: formas más puras y abstractas acompañadas por cierta relevancia otorgada a la percepción (con toda su cualidad espacial-escultórica).
Las diferencias, muy sutiles, señalan cambios en relación a otras obras ligadas a mediaciones simbólicas y emocionales más directas. Estas esculturas recientes –las de un Distéfano psicológica y artísticamente maduro– aluden a un “clasicismo” nostálgico de un orden que se sabe inexorablemente perdido.