Desde sus contundentes esculturas, Juan Carlos Distéfano [...] expresa sus percepciones e ideas acerca de la violencia en la sociedad argentina. La impresionante muestra, que ocupa los dos espacios de la galería Ruth Benzacar, parece ocuparse, una vez más, del dolor y del poder, de los oprimidos y de los opresores. No se digiere ni se olvida con facilidad, sacude. Es que, más allá de la coyuntura política y social a la que aluden, estas esculturas tienen la virtud de conmover y hacer florecer impensados sentimientos que remiten a situaciones nada evidentes.
Si en el espacio de la entrada se despliegan tanto figuras de asesinos como de sacrificados, en las esculturas del segundo subsuelo dedicadas a la infancia truncada resulta difícil distinguir entre víctimas y victimarios: todos parecen ser víctimas, aún los que cometen actos horribles.
[...] La figura de “La portadora de la palabra” es una muda y pesarosa presencia de mujer que abraza una copia de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino y lleva incrustados en su cuerpo recortes de prensa, como marcas imborrables, que narran conocidas masacres, mientras sus pies se convierten en botas, o viceversa, a lo Magritte (“Le Modèle Rouge”).
Las nueve esculturas de “Kinderspelen”, emplazadas en el espacio del segundo subsuelo, cortan la respiración. [...] No hay que ir demasiado lejos para encontrar las escenas de violación, combate y drogadicción que describen las esculturas: estas acciones se repiten en las calles, plazas y estaciones de trenes de la ciudad. Ángeles caídos y los chicos/adolescentes aparecen con armas de fuego embutidas (provenientes del plan de desarme de la provincia de Mendoza) en sus