[...] Debido al alto grado de eficacia y originalidad alcanzado a través del recurso paródico en la producción de Distéfano, cabe detenerse en una obra de fuerte carga contrapuntística como es El baño, homenaje a Roberto Páez. Ésta, [...] establece un contrapunto a la controvertida obra del pintor decimonónico Prilidiano Pueyrredón titulada El baño (1865); e, incluso, por medio de esta última, se esboza un comentario irónico, soez, al paradigma de la pintura neoclásica de fines del dieciocho ejemplificado por la Muerte de Marat, del pintor francés Jacques Louis David. [...] el artista logra un propósito doblemente ambiguo: por un lado, insertarse en la tradición inaugurada por Marat que, en su momento, Pueyrredón replica; por el otro, transformar el modelo en otra propuesta encaminada a comunicar un giro semántico innovador en lo que concierne al parámetro establecido. [...] la cita hecha al modelo europeo pasa paralelamente por un filtro conversor local en cuyo procesamiento el foco de atención es desplazado hacia la figura femenina. Distéfano la transforma, así, no sólo en un referente dado sino en la iconicidad y en la carga semántica actualizadas que su dejadez “despatarrada” lleva implícita. Sin duda, en el contexto pacato de mediados del siglo pasado, Pueyrredón demostró gran audacia en su representación descontraída de una dama burguesa en la intimidad de su baño.
Al tomarlo como punto de partida, sin embargo, Distéfano está poniendo en evidencia un altísimo grado de desafiante insolencia. Tanto la eliminación de la sábana blanca como el recorte drástico de la bañera contribuyen a este efecto doble donde lo que se desnuda, además, son los elementos de la obra. Hállase ahí la duplicidad filosa del espacio crítico-productivo que la parodia devela,