[...] Juan Carlos Distéfano aparece en esta primera muestra individual con una personalidad ya definida pictóricamente [...]
Lo que hoy hace puede colocarse dentro del amplísimo y vago esquema de la neofiguración, aunque más no sea que lateralmente, pero no es eso lo que interesa. Importa mucho más señalar sus virtudes de pintor que pinta pintura. Antes que sus intenciones y las anécdotas más o menos transformadas, visibles u ocultas, que la sustentan, interesa la plenitud de su pintura. Hay algunas referencias que se advierten con claridad, o por lo menos admiten interpretaciones bastante seguras. Otras, pertenecen al fuero íntimo del artista. Pero todas están expuestas con la decisión franca de formas y colores [...]
Como mucha de la creación actual, la de Distéfano es satírica, si bien no excluye el enfoque poético o de evasión. Por cierto, es esa mezcla de rigor y enternecimiento, con la que es capaz de convertir a los hombres en monigotes metálicos y simultáneamente aludir a un mundo floral, lo que hace que su pintura se desprenda de la denuncia sin salida. Refleja los mecanismos aplastantes del mundo de hoy, el sinsentido del deber por el deber, de las posiciones que pesan y doblegan a los personajes, de los hombres que deben estar siempre en equilibrio inestable mientras sean capaces de mover la rueda que los sostiene, de los letrados y los obreros que han roto absurdamente el diálogo, pero a lo largo de sus cuadros aparecen y reaparecen formas alusivas, unas como ojos de cerradura, otras como flores, colores efusivos, que señalan posibilidades de apertura, de salida, de alegría natural. [...]