Lanín es una calle [...] que se pierde en los laberintos de Barracas. Allí, en el número 33, Marino Santa María tiene su taller de arte. No es casual que haya elegido ese lugar, nació y se crió en esa casa centenaria con zaguán y ventanas alargadas, que convive con otras de características similares pero también con depósitos e imprentas. Un paisaje urbano anclado en el tiempo, ligado al tango y con aroma del Riachuelo que el artista plástico se propone modificar.
“Hace un año volví a mi barrio y lo que más me impactó es que todo seguía exactamente igual. Entonces pensé en cambiar el entorno del taller. Ahí nació este proyecto a través del cual me propongo crear un enclave de arte contemporáneo en una zona fundamentalmente tradicional, pero no es mi intención que Lanín se convierta en un paseo al estilo de Caminito. Se trata de cambiar las fachadas de las casas y de poner una instalación en el muro del ferrocarril. Además, en cada fachada van a estar las fotografías que me acerquen los vecinos, las cuales las voy a ampliar a intervenir y las voy a exponer como si fuera una galería de arte pero en la calle”, señala el artista.
Junto con sus ayudantes, el artista está “pintando” algunas fachadas, primera parte del proyecto que se ganó rápido la simpatía de los vecinos. Tanto en el pantalón como en su camisa se dibujan pequeñas gotas de colores que forman un jaspeado irregular que seguramente, se irá extendiendo con cada pincelada hasta que, a mediados de diciembre, las obras estén terminadas para inaugurar la calle.
Su intención es clara: “Quiero llegar a la gente que habitualmente no va al museo, lo que no significa que quiera que la ciudad se convierta en un museo... sería muy aburrida”, dice. En el