[...] Para estudiar la obra de Distéfano no debe separarse su concentrado, violento humanismo.[...]. Estos personajes constreñidos, entrelazados, relatan una grandeza que no exterioriza ambición sino, por el contrario, el escaso límite de su angustia. [...] Para Distéfano, partir solamente de la realidad, hubiera resultado escaso. Esta nueva realidad ha puesto su oído en otras transformaciones, en otros avatares para erigir una salida a la angustia.
[...] De la superficie pintada, del plano, Distéfano subrayó el volumen, el ritmo, hasta combinar la imagen, el color, con el elemento corpóreo. Sus criaturas están desnudas, todas ellas han emprendido una fuga, acaso miserable cuando ensayan su determinación. [...]
No es una mera escultura, ni una pintura. [...] Las figuras corpóreas son aún más sostenidas, más constreñidas, ya que su espacio aparece cumplido, encerrado, y el ámbito se troca en una gran distorsión que se recoge en sí misma hasta cobrar la inexorable esquematización de una forma.
Idéntica arbitrariedad del color. Que acentúa la psicología de estos seres con toques en donde el rojo aumenta la tensión, los azules contrastan como en una absurda libertad, y los blancos [...] reviven un espectro, un vago duende que no acierta a desprenderse de su condena.
Estos desinhibidos personajes han crecido sin atender a su propia tortura. Se hallan atados, sin acertar a comprenderlo enteramente. Continúan hablando o gesticulando, han despedido al fantasma de la risa, pero no conocen la mera ironía o fatalidad. Son grandes enigmas que viven, que sienten más allá del agravio y el destino, que por la misma actitud de luchadores no