El silencio sólo se interrumpe por el tren que pasa sobre el terraplén, una pared que enmarca el final del pasaje donde todavía mandan los árboles en la vereda. Y el color, porque si algo distingue a Lanín, esa curva de unos 300 metros entre Suárez y Brandsen, en Barracas, es el color. Se lo puso hace siete años Marino Santa María, que pintó los frentes de casas y galpones en una inusual intervención de arte público. Ahora, ese color está reviviendo: el artista está recubriendo esas fachadas con venecitas, azulejos y vidrio, para que los rojos, amarillos y azules estallen, además, de brillo.
La idea de colorear las paredes surgió en 1998 [...] “Me había cansado de la galería y el caballete”, dice. A los vecinos de la cuadra les despertó interés y le fueron pidiendo que también pintara sus casas. Hoy, casi todos los frentes tienen el sello del artista. “Con el tiempo, los colores se deterioraron. Me aburría volver a pintar lo mismo, por eso los revestí con mosaicos”, explica.
Santa María está usando las técnicas de trencadís (azulejo partido), que utilizó el arquitecto catalán Antonio Gaudí, y mosaico veneciano. Ya cubrió casi la mitad de las 38 fachadas del pasaje, y piensa reinaugurarlo para la apertura de Casa FOA, que se hará en Lanín desde el 21 de octubre [...]
El proyecto fue auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Nación y tiene el apoyo de la Corporación Buenos Aires Sur. Y, además del aporte de empresas privadas, el nuevo Lanín se está haciendo con donaciones de vecinos: Santa María los convocó a que le llevaran azulejos y vidrios, con una respuesta muy positiva. “La gente no participa de modo efectivo, pero es parte de la obra y lo siente”, afirma el artista. Y sigue invitando a que le acerquen materiales para este proyecto y otros dos que tiene en marcha [...]