[...] retomé la idea del arte público como una manera de comunicarme. Lo había hecho en Puerto Madryn con un mural de cuatrocientos metros que intervenía todo el perímetro de una escuela en el barrio Pujol, un barrio humilde, y de ahí que también pensé en que el arte, el color, hacía revivir estos lugares de suburbio [...]
[...] siento que el barrio o la cuadra han tomado otro clima, eminentemente pictórico, en el cual uno transita en medio de mi taller. Ya directamente camino entre los cuadros que ahora miden ocho metros por diez de alto. [...] Sin embargo, hubo una cantidad de derivaciones que yo no había contemplado: desde la turística hasta la puramente social. Ahí comprendí cómo el arte abstracto tiene su incidencia social. [...] yo logré de algún modo, cambiar el ánimo de este lugar [...]
[...] A partir de junio, el Proyecto Lanín entra en el circuito de turismo de la ciudad y el turismo tiene su valor social. A veces el turismo lo sentimos como un bien de consumo y nada más. Yo le he encontrado lo social. Barracas es un lugar muy olvidado. En todos los planteamientos políticos ha quedado olvidado [...]
Encuentro una analogía entre este proyecto y lo que pasó en el barrio de La Boca. [...]
[...]La diferencia con Lanín es que esa era una calle que no tenía una vida propia, era una vía muerta que se transformó en calle para que Quinquela hiciera su trabajo, o Quinquela la transformó en calle. Lo que yo quiero acá es que el arte forme parte de la vida cotidiana: que nunca esto se transforme en una peatonal [...]. Caminito, como obra, se pierde entre tantos vendedores que están